lunes, 3 de mayo de 2010

Necesidades de capacitación del tutor y la necesidad de con un código
de ética del tutor. (ensayo)
María Esther Ávila Gamboa
Marcelina Rodríguez Robles
Universidad Autónoma de Zacatecas
Resumen. Los tiempos y las condiciones actuales demandan una nueva
cultura de las instituciones educativas, cultura en la que la figura y prácticas de
los docentes deben transformarse. Organismos internacionales y programas
nacionales coinciden en atribuir a la formación docente y a los programas de
tutorías la posibilidad de transformar la cuestionada calidad que la educación
de las universidades públicas; esto es cierto, pero pensando más allá, también
hay que asegurar además de la formación integral de los estudiantes, su
integridad como personas.
Asegurar que quienes fungen como tutores son sujetos que garantizan
valores y actitudes de una institución académica, humana y responsable.
Cualquier docente no puede ser tutor si no confirma su integridad como
persona, aún y con sus derechos laborales y la formación correspondiente
como tutor.
Se observa que falta en el programa de tutorías un mecanismo o
instancia que vigile el desempeño de los tutores, que impida el abuso de los
tutores sobre los alumnos en varios sentidos, ya que hay experiencias en las
universidades que no han querido ser asumidas, como lo son los abusos
sexuales, y la inducción a la homosexualidad, el alcoholismo y adicciones por
parte de algunos docentes sobre sus alumnos(as). Pero además el programa
de tutorías comienza a ser visto por algunos docentes, como un espacio de
control político del alumnado.
Objetivo: Proponer la necesidad de elaborar un mecanismo que regule
el acceso de quienes quieren, pueden y deben ser tutores, desde lo ético.
Introducción
Una de las funciones primordiales de la educación es la transmisión y
transformación de la cultura, siendo a través de las instituciones educativas
como se realiza en parte esta acción. Sin embargo, hemos perdido de vista
ante un cúmulo de funciones sustantivas, que a su vez, las instituciones
educativas crean su propia cultura institucional que se expresa mediante
estilos institucionales y tipos de egresados.
Los tiempos y las condiciones actuales demandan una nueva cultura de
las instituciones educativas del país, cultura en la que se genere una
educación más integral para los estudiantes y en la cual la figura y prácticas
de los docentes deben transformarse, del profesor que sólo da su clase al
grupo y se retira a dar otra, hay una exigencia de una cultura más académica,
más humana, más responsable. Una cultura en la que se profesionalice la
docencia, se haga más investigación y se amplíen sus prácticas, hacia la
tutoría. ¿La docencia se complejiza cada vez más, o, no habíamos asumido la
docencia en todas sus posibles dimensiones?
Es importante iniciar la reflexión reconociendo el aporte educativo que
han hecho al tema de tutorías, algunas universidades prestigiadas de países
del primer mundo centralmente: británicas, alemanas, francesas y
norteamericanas, sin la intención de proponer copiar esos modelos. El
comentario nos conduce a observar como este tipo de universidades han
generado una cultura institucional muy estructurada, en la que la “tutoría”
es un elemento sustancial de esos espacios universitarios. Elemento
sustancial que contribuye a que los estudiantes tengan un tránsito y desarrollo
universitario más asertivo e integral, con menos tropiezos, inseguridades y
carencias académicas. Sin duda alguna, el acompañamiento de catedráticos
y/o investigadores en los procesos formativos, es un elemento que
evidentemente consolida o clarifica en primera instancia, la definición
vocacional, que sitúa con mayores fortalezas a los estudiantes y disminuye de
manera significativa los problemas de deserción, rezago y reprobación escolar,
al tiempo que se eleva el nivel académico y la eficiencia terminal de las
instituciones educativas .
Dichas experiencias han sido un detonador para que organismos
internacionales como la UNESCO y la OCDE hayan propuesto que se
implementaran programas de tutorías, como una alternativa ante el rezago
educativo y la generalizada problemática pedagógica de las universidades
públicas(principalmente para las latinoamericanas). También es cierto que más
allá de estas recomendaciones hechas a las universidades, éstas han
experimentado desde hace casi dos décadas la imposibilidad de satisfacer los
requerimientos estudiantiles, principalmente por la masificación escolar que se
acentúo a partir de los 70´s y ante la que también tuvo que incrementarse las
plantas docentes de forma inmediata, teniendo que echar mano de estudiantes
que cursaban una carrera universitaria, sin haberla concluido y menos aún sin
tener experiencia profesional.
El empleo precipitado de estudiantes universitarios y profesionistas(sin
experiencia) condujo a un fenómeno que está pesando hoy a las
universidades, y que es, haberse convertido en una empleadora sin requisitos
o exigencias de calidad; implicando esto, que muchos de ellos, no se pensaron
con otra profesión como lo es la docencia, y ante la que se constituyó un
cultura institucional, de definiciones más políticas que académicas, pues había
que salvar antes que nada un espacio laboral. No por ello, se deja de
reconocer que a pesar de eso, existen en nuestro país universidades y
programas específicos de buen nivel, pero que han dejado en el camino un
desgaste sustantivo de energía que podría haberse aprovechado
principalmente en construcción de una cultura institucional más centrada en lo
académico con tendencia a una formación cada vez más integral.
De tal forma que hoy un gran número docentes universitarios reconocen
la necesidad de profesionalizarse en la docencia, aún en muchos casos de
docentes que están por jubilarse, o que tienen más de 20 años de antigüedad
en esa tarea.
Sintetizando, Actualmente las universidades tienen serios problemas de
rezago educativo atribuyendo a la formación docente una de las salidas
alternativas, a la que luego se agrega una nueva propuesta, que es la de
atender de forma más personalizada a los alumnos que lo requieran a través
de sistemas o programas de tutorías, pero otra vez, esto es un problema de
formación y desde mi punto de vista también de cultura y ética institucional.
- Un código ético por sobre los requisitos de formación y derechos
laborales. Si bien se reconoce como un acierto educativo importante el
programa de tutorías propuesto por ANUIES, y también que tiene una
afinada visión sobre lo que debe ser la construcción institucional de un
programa de tutorías y el haber elaborado un adecuado y pertinente
programa de formación de tutores, que como experiencia vale decir,
también sirve bastante para quienes dicen “no piensan ser tutores y
sólo quieren ser mejores docentes del aula” , deja pendiente el
problema de cual debe ser la ética para elegir, designar o hasta
contratar con carga laboral a quienes “quieren, pueden y deben” fungir
como tutores.
Tal visión de la ANIUES se muestra sensible a que a partir de la
formación de los profesores, mediante el diplomado en tutorías
diagnostiquen y construyan su programa institucional de tutorías a partir
de necesidades y procesos particulares de cada espacio institucional.
Hay pues un concepto de autonomía que prevalece en el programa y
que abre la posibilidad de mejorarlo o atender aspectos no previstos
como el menciona esta ponencia.
El programa de ANUIES también pone el acento en el papel del
tutor como responsable de varias cuestiones del cambio institucional y
se define por ello con mucha precisión un perfil de tutor que lo distingue
del profesor dedicado a la actividad regular en el aula y lo presenta
como alguien que orienta, asesora y acompaña al alumno en la
perspectiva de una formación integral, en la que los alumnos tendrán
que hacerse responsables de su aprendizaje y su formación.
Se define al tutor como alguien que tiene cualidades ideales
como persona y que van desde “tener un amplio conocimiento de la
filosofía educativa que subyace al ciclo y la modalidad educativa y
curricular del área disciplinar en la que se efectúe la práctica tutorial...
conviene que sea un profesor o investigador dotado de amplia
experiencia académica” y se sintetizan las características deseables del
tutor en lo siguiente:
“a)poseer un equilibrio entre la relación afectiva y cognoscitiva, para
una delimitación en el proceso de la tutoría.
b) tener capacidad y dominio del proceso de la tutoría
c) tener capacidad para reconocer el esfuerzo en el trabajo realizado
por el tutorado.
d) Estar en disposición de mantenerse actualizado en el campo donde
ejerce la tutoría.
e) Contar con capacidad para propiciar un ambiente de trabajo que
favorezca la empatía tutor-tutorados.
f) poseer experiencia docente y de investigación, con conocimiento del
proceso de aprendizaje.
g) Contar con habilidades y actitudes(que estará dispuesto a conservar
durante todo el proceso) tales como:
- habilidades para la comunicación, ya que intervendrá en una
relación humana.
- Creatividad, para aumentar el interés del tutorado
- Capacidad para la planeación y el seguimiento del profesional,
como para el proceso de tutoría.
- Actitudes empáticas en su relación con el alumno.”
Pero también hay que asegurar además de la formación integral de los
estudiantes, su integridad como personas. Asegurar que quienes fungen como
tutores sean sujetos que garantizan valores y actitudes de una institución
académica, humana y responsable. Cualquier docente no puede ser tutor si no
asegura integridad como persona, aún y con sus derechos laborales de ser
profesor de carrera y la formación correspondiente como tutor. Falta en el
programa de tutorías un mecanismo o instancia que vigile el desempeño de los
tutores, que impida el abuso de los tutores sobre los alumnos en varios
sentidos.
Hay experiencias en las universidades que no han querido ser
asumidas, como lo son los abusos sexuales, y la inducción a la
homosexualidad, el alcoholismo y a adicciones por parte de algunos docentes
sobre sus alumnos(as). Hay experiencias de que esas prácticas se realizan
por docentes que tienen habilidades o programas que les facilitan, eso como:
la orientación educativa, el ser docentes carismáticos, empáticos, etc. Pero
además el programa de tutorías comienza a ser visto por algunos como un
espacio de control político del alumnado y de los propios docentes.
En el documento que define el perfil del tutor, únicamente hay un párrafo
que asume el aspecto ético y se queda únicamente en su enunciación, dice: “
El tutor deberá mantener una actitud ética y empática hacia los estudiantes
mediante un esfuerzo permanente de comunicación, que le permita desarrollar
las actitudes de confianza y lograr aceptación de los tutorados...”. También se
descuida en términos de laborales al atribuir “preferentemente, el tutor deberá
cumplir con la condición de ser profesor de carrera o gozar del estatuto de
definitividad en su institución...” Ante situaciones de riesgo, como las antes
mencionadas, estos no son atributos suficientes para obtener el nombramiento
de tutor. Sin embargo, la definición del perfil del tutor deja abierta la
posibilidad de que personas con problemas de conducta se involucren como
tutores sin tener quien se los impida.
Conclusiones
- Hoy es indispensable e impostergable la formación de los docentes, sea
en su carácter restringido a la docencia, o, en un nuevo sentido que
incluya a la tutoría.
- La formación del docente tutor es sólo un paso para garantizar la
transformación de una nueva cultura institucional, que tienda a elevar la
calidad de educación en un sentido más integral.
- Por las experiencias de otras universidades las tutorías pueden llegar a
ser una importante alternativa para elevar la calidad de la educación.
- Sin embargo, hay que construir una nueva cultura institucional que
contemple nuevas significaciones y prácticas que incluyan a los sujetos
en su realidad, tanto la de los alumnos como la de los docentes.
- La sola formación de los docentes no es suficiente para garantizar una
formación más integral para los alumnos, falta plantearnos un código de
ética de aspirantes a ser tutores, que asegure la integridad de los
alumnos(as), y eso, parece que se nos esta olvidando.
Bibliografía
ANUIES, Programas institucionales de tutoría. Una propuesta de la ANUIES para
su organización y funcionamiento en las instituciones de educación superior.
México, ANUIES, 2001.
CHEHAYBAR Edith y Kuri, Hacia el futuro de la formación docente en educación
superior. México. CESU/UNAM. 2001.

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